Necrológicas

Segunda Guerra Mundial: a 75 años de una rendición que también fue celebrada en Magallanes

Por La Prensa Austral domingo 10 de mayo del 2020

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– Para la entonces naciente Prensa Austral la cobertura del conflicto también fue en desafío. Las alternativas
eran publicadas a diario y seguidas con gran atención por los lectores de una cosmopolita Punta Arenas.

Habían transcurrido sólo 4 años desde la aparición de La Prensa Austral y para el equipo periodístico de aquel entonces surgía como primer desafío la cobertura de la Segunda Guerra Mundial. Hoy podría hablarse de “corresponsales de guerra”, de  “bajar” noticias por Internet, de estar atento a las noticias de los canales de televisión o a “echarle mano” a las redes sociales. En ese entonces, y aunque las nuevas generaciones lo consideren increíble y casi inaceptable, no había nada, pero nada de lo anterior. Ninguna posibilidad, como suele decirse.

El teléfono, la radio y el teletipo surgían como únicas alternativas. Pero había que escribir, dejar testimonio de la historia, y en eso nuestro diario, el de los magallánicos, era referente.

Por esos días en Punta Arenas el fútbol, la hípica y el básquetbol ocupaban importantes espacios informativos, el río de las Minas ya era tema de debate en cuanto a seguridad y proyectos hidráulicos, y el desabastecimiento de bencina mantenía en alerta a la población. No obstante, aunque a miles de kilómetros, la pequeña, pero cosmopolita ciudad, estaba atenta al conflicto mundial.

Ya el viernes 4 de mayo el intendente, comodoro Guillermo Arroyo, y el alcalde Emilio Salles, preparaban una serie de actos para celebrar la caída de Berlín (lo mismo se programaba en Puerto Natales). Un desfile y discursos de presidentes de partidos políticos y cónsules en el balcón de la intendencia eran parte de los actos, que reflejaban que la postura neutral de Chile había quedado atrás luego de la entrada al conflicto de la potencia de la cual se era económicamente dependiente: Estados Unidos.

“Alemanes”
en Magallanes

El escenario no había sido fácil en Magallanes para un grupo de familias alemanas. Ernesto Witt Molkenbuhr, un entonces joven puntarenense de familia germana, recordaba hace algunos años que aquí hubo mucha propaganda política donde se denostaba a los alemanes y sus seguidores.

“A los del Colegio Alemán nos miraban mal. No me gustaba la política, y tuve que abandonar ese establecimiento educacional e ingresar a la escuela anexa. Habían listas negras y si una persona era representante o vendía algún producto alemán, italiano o japonés, caía en esa mala situación que la manejaban los ingleses y los norteamericanos”, recordaba.

El conflicto que había comenzado en 1939 parecía llegar a su fin. En su edición del sábado 5 de mayo La Prensa Austral titulaba a página completa: “Se derrumbó el frente nazi en el Oeste de Europa”, agregando en su bajada que “Todas las fuerzas nazis en Holanda, Dinamarca, Islas Heligoland y Frisias capitularon incondicionalmente. Derrota total de los nazis a los 5 años y ocho meses de guerra”.

Dos días después las informaciones procedentes de Europa destacaban la ofensiva rusa y daban cuenta de una noticia que con el paso de los años se convertiría en un mito, enigma y tema de investigación, reportajes y documentales: el destino de Adolf Hitler. Había transcurrido una semana de su presunta muerte y de haber sido reemplazado como Führer por el almirante Karl Doenitz. “En el patio de la Cancillería de Hitler en Wilhelmstrasse se encontraron hoy los cadáveres de muchos miembros del Estado Mayor General alemán, de jefes de las tropas de asalto y de otros importantes nazis, pero no se localizó el cuerpo del Führer. El despacho que se refiere al resultado parcial de la búsqueda, expresa que estos personajes nazis se suicidaron. Mientras tanto ha continuado la afanosa búsqueda de los cadáveres de Hitler y Goebbles, quienes, según los comandantes alemanes en Berlín, se habrían suicidado en los últimos momentos de la defensa de la capital. Los rusos persisten en que se trata de un engaño y que Hitler y sus allegados han huido. No obstante, se siguen practicando autopsias para salir de dudas”.

El lunes 7 de marzo, La Prensa Austral llevaba en sus páginas un extenso reportaje sobre “Los Horrores del campo de concentración de Buchenwald en Alemania”, que describía en ojos de corresponsales internacionales el dramático hallazgo y entregaba el testimonio de algunos sobrevivientes. También informaba sobre la huida nipona desde Birmania, perseguidos por las tropas británicas.

Así se informó del fin

“Alemania capituló sin condiciones ante aliados occidentales y Rusia”. Este era el titular de portada de La Prensa Austral el martes 8 de mayo de 1945. Aquello daba cuenta de la victoria total de los aliados y era punto de partida para el inicio de una nueva historia y de un final definitivo que llegaría en agosto con la rendición de Japón tras el bombardeo atómico sobre Hiroshima y Nagasaki por parte de los Estados Unidos y la invasión soviética de Manchuria.

“Después de una lucha heroica de casi seis años y de incomparable violencia, Alemania ha sucumbido ante aplastantes fuerzas de sus enemigos. El continuar esta guerra significaría un inútil derramamiento de sangre y una vana desintegración. Podemos esperar entonces que el espíritu de odio que rodea a Alemania y a los alemanes en todo el mundo, dará paso a un espíritu de reconocimiento entre las naciones, sin el cual el mundo no podrá rehacerse… Para orgullo nuestro en la heroica lucha de nuestra nación unamos la cristiana civilización occidental, para hacer al honesto trabajo de la paz una contribución que sea digna de las mejores tradiciones de nuestra nación. Que Dios no nos abandone en nuestros esfuerzos. Que Dios bendiga nuestra difícil tarea”, señalaba el ministro de Relaciones del Reich, conde Schering von Krosigk, en mensaje a través de radio Flensburgo que fue reproducido por el diario magallánico.

Al día siguiente el general Eisenhower, supremo comandante de las Fuerzas Expedicionarias Aliadas, confirmaba la capitulación alemana y un minuto después de la medianoche cesaba el fuego en todos los frentes. Mientras tanto, Winston Churchill expresa que “la rendición incondicional de nuestros enemigos fue la señal para la mayor explosión de alegría en la historia de la humanidad”.
El Primer Ministro británico diría en parte de su discurso: “El enemigo mortal ha sido derribado y espera nuestro juicio y merced. Pero otro enemigo ocupa aún grandes partes del imperio británico, un enemigo manchado de terrible crueldad: los japoneses. Queridos amigos, ésta es vuestra victoria. Es la victoria de la gran nación británica como conjunto”. Agregó: “Dediquemos al regocijo la noche de hoy y el día de mañana. Mañana celebrará también la victoria nuestra gran aliada Rusia: Y luego hemos de iniciar la tarea de reconstruir nuestros hogares y no habremos de perdonar sacrificio alguno para conseguir que éste sea el país en el que a todos se brinde la oportunidad de prosperar y en el que todo el mundo tenga deberes que cumplir. Hemos de cumplir el deber para con el país y también ante nuestros valientes aliados los Estados Unidos, tan traidoramente atacados por el Japón. Iremos junto a ellos y no desfalleceremos por dura que sea la lucha”.

En la Editorial

En su editorial del miércoles 9 de mayo, La Prensa Austral dedicó su Editorial al término del conflicto con Alemania bajo el título de La Victoria: “Tras un  largo camino, los pueblo del mundo que perseveraron en el valor imperecedero de los principios inalterables de la humanidad. Han llegado a un alto maravilloso y emocionado: La Victoria. Atrás queda una pesadilla, una horrenda que habla de la cacería inmunda del hombre  por el hombre; que expresa el sacrificio de millones de hombres y mujeres por salvar incólume una civilización  proyectada a mejores destinos.

Más adelante, se señala que “esta victoria no es la paz misma en sí, previene el advenimiento de ésta una vez que los victoriosos regimientos que clavaron en occidente la bandera del triunfo, hagan sonar también en oriente, las fanfarrias del último tramo de esta jornada: la caída de Tokio.

Como chilenos, sinónimo de americanos, en toda la extensión del vocablo, celebramos con júbilo profundo el Día de la Victoria. Nos sentimos partícipes de ella y anhelamos que, en función de su proyección hacia un futuro inmediato, transforme o reedite esta alegría en celebración de la paz”.