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Kirchnernismo pierde el poder después de 12 años

Fernández boicotea la investidura de Macri y agrava la fractura argentina

Por Agencias miércoles 9 de diciembre del 2015
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Cristina Fernández no colocará la banda presidencial al liberal Mauricio Macri.

No habrá imagen icónica del cambio de ciclo en Argentina. Cristina Fernández viuda de Kirchner no colocará este jueves la banda presidencial al liberal Mauricio Macri, el gesto simbólico de la entrega del poder que sí tuvieron Raúl Alfonsín, Carlos Menem, Fernando de la Rúa, Eduardo Duhalde, Néstor Kirchner y la propia Presidenta.

La foto más esperada nunca existirá. El kirchnerismo, que pierde el poder después de 12 años, deja claro así desde antes incluso de la llegada de Macri que tendrá enfrente una oposición dura. El ganó por menos de tres puntos y este arranque de mandato apunta a una tensión imparable en la que los kirchneristas hablan ya de situación “parecida a un golpe de Estado”. Empeora así la crisis institucional de un país partido en dos.

Las elecciones del 22 de noviembre mostraron una Argentina dividida por la mitad, con el liberal Macri (Cambiemos) respaldado por un 51% y el peronista Daniel Scioli (Frente para la Victoria) con casi un 49%. Menos de 700.000 votos de diferencia. El peronismo reconoció la derrota y Scioli felicitó a Macri, pero ese día empezó la batalla interna para organizar la oposición. La Presidenta trabaja desde ese día para mantener el liderazgo del peronismo y prepararse para recuperar el poder lo antes posible.

Kirchneristas no irán
al cambio de mando

En ese marco llega una ruptura traumática, inesperada, que implica que tanto Fernández como buena parte de sus diputados fieles no van a estar presentes en la toma de posesión de Macri, un acto de hostilidad inédito en Argentina e impensable en otros países. En la calle los kirchneristas se manifestarán contra Macri mientras sus seguidores lo aplaudirán, un auténtico desafío para la policía.

Todo, como es habitual en Argentina, con un enorme dramatismo y emitido en directo por los canales de televisión. Ayer el plato fuerte era la manifestación de despedida a la Presidenta en la Plaza de Mayo, que los suyos asocian con Eva Perón, y la inauguración de un busto del fallecido ex Presidente Néstor Kirchner en la Casa Rosada. Las escenas se suceden con tempo cinematográfico y gran despliegue de imágenes impactantes, aunque no hay guión sino una enorme capacidad de improvisación de los actores principales.

Una vez producida la ruptura, desde ambos sectores se buscan culpables. El macrismo responsabiliza a la Presidenta. Los kirchneristas culpan a Macri por haber acudido a la justicia para resolver el conflicto. Durante varios días hubo negociaciones.

Macri quería que Fernández le entregara la banda presidencial en la Casa Rosada y ella insistía en hacerlo en el Congreso. El a la jueza María Servini de Cubría, conocida en España por haber impulsado los procesos contra represores franquistas, que determinase a partir de qué hora es Presidente. Según la interpretación de Macri, él toma posesión automáticamente a la medianoche de ayer miércoles para hoy jueves y, en consecuencia, es él quien organiza la ceremonia de sucesión. Los kirchneristas interpretaban que él no asume hasta que no jura su cargo, a mediodía de hoy (hora argentina). La jueza dio la razón a Macri, y determinó que Fernández dejaba de ser Presidenta a las 23,59 de ayer miércoles.

Este nivel de detalle da cuenta de la complicada situación en la que se ha instalado la política argentina. Se sabía que no iba a ser fácil, porque Macri y Fernández vienen de mundos opuestos y el enfrentamiento ha sido muy duro en los últimos años. Pero ni siquiera los más pesimistas pensaban que acabaría así. De hecho, ella había asegurado que acudiría a la ceremonia y entregaría la banda presidencial a su sucesor.

Parecía el único acuerdo logrado en la reunión que tuvieron, de la que ni siquiera hubo una fotografía. Los argentinos no han visto aún juntos al Presidente entrante y a la saliente. Y todo indica que no los verán.

Macri jurará en el Congreso y luego recibirá el bastón y la banda presidencial de manos del presidente de la Corte, Ricardo Lorenzetti, en la Casa Rosada.

Tensión creciente

La tensión no para de crecer. “Es muy triste”, aseguraba el macrista Federico Pinedo, presidente transitorio del Senado, que ocupará el poder durante unas horas. “Entre un golpe de Estado y esto no hay mucha diferencia. Durante 12 horas, desde las cero horas de este jueves hasta el mediodía, no habrá Presidente en la Argentina, no habrá autoridad”, clamaba el jefe de los servicios secretos y hombre de máxima confianza de los Kirchner, Oscar Parrilli.

“Ellos no quieren que la Presidenta esté, no va a ir, es hasta riesgoso para su seguridad”, remataba el jefe de gabinete, Aníbal Fernández.

El fin de semana Macri llamó a Fernández para poner sus condiciones para la ceremonia y ella publicó una carta en la que aseguraba que el Presidente electo le había gritado y tuvo que “recordarle que hablaba con una mujer”.

Se mostró dolida y contó que como gesto de buena voluntad incluso había cambiado las flores de la residencia presidencial para poner unas amarillas, el color del partido de Macri.

En una novela que los canales de televisión argentinos ofrecen en directo, le contestó la esposa de Macri, Juliana Awada, desde su casa. “Yo estaba al lado de mi marido, no es verdad, él no grita a nadie”, aseguró.

Aún quedaba un episodio. El hijo de la Presidenta Fernández, el diputado Máximo Kirchner, que dice que estaba con su madre durante la llamada, entró en escena: “Yo estaba presente y vi el trato que le ofreció Macri, fue una falta de respeto”. La novela tendrá hoy nuevos capítulos.

Agencias