Necrológicas

Murió un luchador incansable: el vecino Julio Burgos Peralta

Por La Prensa Austral sábado 19 de septiembre del 2020

Compartir esta noticia
Visitas

Se hizo conocido cuando se encadenó al edificio del Serviu y luego por un accidente que lo dejó prácticamente ciego.

“El mejor homenaje que te podemos hacer es siempre estar optimista, rebosantes de sueños, de proyectos, como tú estuviste hasta el final”. Así escribió ayer Agaci para despedir a Julio Burgos Peralta, vecino magallánico que dejó de existir ayer en la Clínica Magallanes a causa de una bacteria que le afectó sus piernas, siendo sepultado a las 13 horas de este viernes.

Las palabras reflejan fielmente la entereza con la que este hombre enfrentó los episodios más difíciles de su vida, algunos de ellos conocidos por la comunidad y con uno, en particular, que pese a lo grave no logró terminar con sus sueños.

Un espíritu siempre combativo que lo acompañó hasta los últimos días de su vida. En febrero de 2008 alcanzó notoriedad pública cuando se encadenó en el acceso al edificio de los Servicios Públicos, iniciando una huelga de hambre, por la tardanza del Serviu en reparar su departamento en el barrio Chilote. En mayo de 2009 inició otra huelga de hambre en la Plaza Muñoz Gamero, luego de que un camión destrozara su micro, cuyo pago de la empresa de seguros nunca recibió.

En julio de 2010, Burgos Peralta protagonizaría una tercera huelga de hambre en las afueras del edificio de los Servicios Públicos de nuevo en contra del Serviu, para que le reembolsaran el dinero de un departamento que él devolvió en el barrio Chilote. Sin embargo, posteriormente vendrían nuevos dramas, y nuevas luchas sociales junto a vecinos del barrio Chilote. En agosto fue detenido tras amenazar a Carabineros e intentar lanzarse al río de las Minas.

Pero entre noviembre de 2010 y febrero de 2011 encabezó nuevas protestas al no autorizársele la compra de un terreno que le ofrecían para instalar allí una vivienda. En ese periodo realizó una “toma” de un terreno en la población Nelda Panicucci, lo que llevó a que el entonces alcalde Vladimiro Mimica constituyera una mesa de trabajo con el Serviu, Carabineros y los vecinos del sector. En esa época, para pasar la Navidad, “y dejar de limosnear”, se instaló con un puesto de frutas y verduras.

No obstante, no sería todo lo que le deparaba el destino. En 2015 un accidente a bordo de un barco, donde se desempeñaba como motorista, lo dejó con desprendimiento de retinas. Una intervención de emergencia evitó que la pérdida de la vista fuera total. “Sólo veo sombras, pero no me impide seguir haciendo mi trabajo”, señalaba a La Prensa Austral a principios de este año.

Burgos se había instalado con una desarmaduría (que había bautizado como Martín) en el Loteo del Mar. Allí, en medio de fierros y herramientas, recordaba parte del que sería el último capítulo de su vida, tal vez, el más duro. “Fue difícil, un accidente rápido. A diferencia de lo que vino después cuando tuve que aprender a usar el bastón y andar con un perro. Pero tengo que agradecer a la Unidad de Discapacidad, a Agaci. Soy un agradecido de esa ayuda”.

En ese momento (febrero pasado), Julio Burgos estaba abocado a ampliar su emprendimiento. Comentaba exultante que con un capital inicial había comprado sus herramientas y que ahora con la ayuda de amigos y material donado por una constructora iba a poder ampliar su garaje.

En la despedida, el hombre de 64 años dejaba un mensaje: “No quiero que nos miren a nosotros (los discapacitados) como pobrecitos. Yo no soy pobrecito, porque me siento muy orgulloso de lo que hecho”.

Además de sus resonantes luchas sociales, formó parte de la Agrupación de Amigos de los Ciegos, Agaci, participando de la compañía de teatro Visión Imposible.