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El “Puntarenazo” que remeció a Pinochet

Por Alejandro Perkic domingo 11 de marzo del 2018

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La multitudinaria protesta en la Plaza de Armas de Punta Arenas el último domingo de febrero de 1984 fue la primera manifestación pública de rechazo en Chile al régimen dictatorial, en la cara misma de quien detentaba el poder absoluto

El recién pasado lunes 26 de febrero se cumplieron 34 años del denominado “Puntarenazo”, la primera protesta pública fuera de Santiago contra Pinochet. Ese mediodía del domingo del verano de 1984 el cabecilla del golpe militar de 1973 era el invitado de honor y protagonista de un acto que tenía como actores secundarios a militares y civiles, en la Plaza de Armas de la ciudad fundada en 1848 por el coronel José de los Santos Mardones. Para Pinochet, auto ascendido a Capitán General dos años antes, el ceremonial de ese domingo era un ritual más que usual en más de una década de detentar el poder absoluto, disponiéndose a recibir de sus adherentes magallánicos los honores y loas a su alta investidura y, por cierto, a lo que representaba su figura… Sin embargo, lo que no estaba en el libreto de tan solemne ceremonia era la sorpresiva y furibunda manifestación opositora de rechazo al mandamás, que se desencadenó a poco de comenzar el acto y que descolocó a los organizadores de la recepción y a la mismísima Ilustre Visita.

Los manifestantes contrarios a Pinochet tras las rejas de la Iglesia Catedral.

“Y va a caer”, “Asesino, asesino” y “El pueblo unido jamás será vencido” se escuchaba con fuerza a los cuatro costados de la Plaza Muñoz Gamero. A los gritos se sumaban pancartas con consignas oprobiosas a Pinochet y su régimen. Nunca después del golpe del 11 de septiembre una ciudad de Chile se había expresado públicamente con tal virulencia ante la visita del dictador, quien al darse cuenta de que era blanco de la airada reacción popular y luego de observar fijamente a sus detractores, trató de hacerse el desentendido y prosiguió con el protocolo de rigor, en medio de, por un lado, los sones de la banda militar y el paso de los efectivos, todo esto bajo las miradas nerviosas y rostros desencajados de las autoridades civiles y jerarcas militares de la época, mientras que por el otro bando las diatribas contra el generalísimo se mantenían de forma enardecida.

En tanto, a las espaldas de Pinochet, en las inmediaciones del costado de la Plaza, donde está la Iglesia Catedral, ya había comenzado a librarse una batalla campal entre los manifestantes opositores y una gran cantidad de soldados conscriptos azuzados por representantes del sector agraviado para defender la visita y dignidad del mandamás. Las escaramuzas, insultos y escupitajos entre los civiles opositores y los “pelados” iba in crescendo, hasta que la capacidad física e instrucción de combate de los conscriptos empezó a prevalecer. Los primeros, al ver disminuidas sus fuerzas, se replegaron y buscaron resguardo tras las rejas del céntrico templo católico -donde a esa hora se desarrollaba la tradicional misa dominical- , para desde allí seguir con su expresión de repudio al dictador.

El entonces dirigente sindical del petróleo, José Ruiz de Giorgio, fue detenido por personal policial.

Para que el episodio -que puso a Punta Arenas en el primer plano de la noticia y a la vez en jaque el férreo aparataje en torno a Pinochet- no terminará en una represión mucho más cruenta y brutal, comenzó a desarrollarse una negociación entre las autoridades militares y los dirigentes políticos y sociales de Magallanes, facilitada por representantes de la Iglesia, para que el fin del conflicto permitiera la salida desde el interior del templo religioso de los centenares de manifestantes atrincherados que temían sufrir las represalias de los militares que rodeaban el santuario. Tras cerca de cuatro horas de arduas conversaciones, pasadas las 17 horas, buses de Carabineros se llevó a la mayoría de los detractores que estaban en la Catedral, sin pasar por los calabozos, dejándolos en la Avenida España. No obstante, debido a la protección que ofreció la Iglesia a los opositores del régimen, las autoridades militares responsabilizaron a la cúpula eclesiástica de la zona como incitadora de la protesta, que según la prensa de la época terminó con 16 detenidos, entre ellos Carlos Mladinic Alonso, militante democratacristiano y ex ministro de Estado a la vuelta de la democracia, y el también DC y sindicalistas de Enap, José Ruiz de Giorgio, posteriormente elegido senador de la República por Magallanes.

El sacerdote Marcos Buvinic dialogando con los carabineros en el patio de la Iglesia Catedral.

Cura Buvinic

En medio de la protesta y el enfrentamiento hubo un sacerdote al que le cupo un rol determinante en ese entonces: el párroco de San Miguel Arcangel, presbítero Marcos Buvinic Martinic, a quien el oficialismo de la época señaló como responsable de organizar la inédita manifestación, pese a que su intervención en los episodios fue posterior al cerco militar desplegado contra la Catedral.

Magallánico, Buvinic fue ordenado sacerdote en Punta Arenas el 1 de febrero de 1981 por entonces obispo Tomás González. En una entrevista concedida a nuestro diario en marzo de 2013, abordó el tema del “Puntarenazo”. Allí, el religioso profundizó acerca de lo que a su juicio fue el detonante de esa inesperada protesta contra Pinochet. «Había en la ciudad un ambiente de tensión; era prácticamente vox populi que habría una manifestación ese día. Esto había sido convocado a través de los cabildos que se realizaban en ese tiempo. Uno de los grandes problemas del período de la dictadura era la total ausencia de participación ciudadana, lo que generó la organización de los cabildos, donde estaban los sindicatos, partidos políticos, organizaciones vecinales, y aquellas dedicadas a la promoción y defensa de los derechos humanos. Uno de ellos se realizó el 11 de febrero en la tarde, y el otro a la semana siguiente. Ahí, se había convocado a manifestarse públicamente en contra del general Pinochet, en rechazo a la ausencia de estos canales democráticos», declaró.

Furibundos soldados conscriptos en medio de la refriega en calle Fagnano, frente al Obispado de Punta Arenas.

Sobre los acontecimientos del domingo 26 de febrero de 1984, el sacerdote Buvinic recordó que una hora antes del mediodía celebró una eucaristía en la comunidad Buen Pastor, en Río de la Mano. Al término de la misma, llegaron personas ligadas a la Iglesia para decirle que estaba quedando la ‘pelotera’ en la Catedral. “Era cerca del mediodía. En ese tiempo, nuestro obispo, el padre Tomás, se encontraba fuera de Punta Arenas, entonces, los sacerdotes que pudimos nos dirigimos a la Catedral. El padre Natale Vitali llegó antes que yo. La gente ya estaba refugiada dentro de la iglesia y desde las rejas del templo continuaban los gritos, las manifestaciones, y los panfletos que volaban. Ya, la iglesia, estaba rodeada de fuerzas militares, mientras Pinochet se encontraba con su comitiva en el Hotel Cabo de Hornos. Todo siguió hasta pasadas las 6 de la tarde, cuando se logró que salieran todas estas personas que estaban refugiadas en la Catedral, que yo calculo eran alrededor de 500 personas”, señaló.

Un reventón popular

Con la distancia que da el paso del tiempo para justipreciar el significado de los acontecimientos, el cura magallánico estima que el “Puntarenazo” fue una expresión de lo que nunca debería ocurrir en una sociedad “porque fue como un reventón de los excluidos, cuando se excluye todo tipo de participación ciudadana, todo tipo de diálogo social, cuando no hay posibilidad de manifestar los propios puntos de vista, cuando la sociedad no es una obra común, sino es una pretensión de algunos de construir una sociedad bajo su perspectiva excluyendo a otros. Yo diría que el ‘Puntarenazo’ es eso, es un reventón de la exclusión, y que por eso creo que es modélico, para una sociedad en la cual hoy día los canales institucionales de participación democrática se han recuperado, pero no así se ha enterrado las lógicas de la exclusión. Hoy, ya no es la exclusión a través de mecanismos legales, a través, incluso, de forma violenta y agresiva, como puede ser la violación a los derechos humanos sistemática ejercida por organismos y agentes del Estado. Hoy, son otras formas, como la exclusión económica, social y cultural», concluyó.

La edición del lunes 27 de febrero de 1984 de La Prensa Austral informando de los graves incidentes.

Cómo se gestó la protesta

A inicios de la década de 1980, los actores sociales y de oposición a Pinochet de la Región de Magallanes comenzaron a organizarse tanto en la Coordinadora de Pobladores como en el Comando Multigremial. En 1983 surgen los llamados “cabildos abiertos”, que tenían como objetivo la discusión pluralista de los problemas que aquejaban a los habitantes de la zona.

El 4 de febrero de 1984 se anunció la visita del capitán general a la región, programada entre los días 24 y 29 de ese mes. El 18 de febrero se convoca al segundo cabildo abierto, donde asistieron unas 350 personas, tomándose la decisión de realizar una protesta por la visita de Pinochet a Punta Arenas. El 25 de febrero, un día antes de la manifestación, se realizó un tercer cabildo abierto en la parroquia Fátima.

Tras la llegada del dictador a Magallanes, el 24 de febrero, se realizaron algunas manifestaciones públicas menores. Ese mismo día, se realizó una misa en memoria del degollado dirigente sindical Tucapel Jiménez en la Catedral de Punta Arenas, y luego sus asistentes marcharon por el centro de la ciudad. En la ocasión, un obrero que participaba en la marcha fue atropellado, aumentando la tensión en la ciudad.

El 26 de febrero, día en que se había programado un acto de homenaje a Pinochet en la Plaza Muñoz Gamero, comenzó a desencadenarse el legendario episodio conocido como el “Puntarenazo”.

Mayo de 1983: primera Jornada de Protesta Nacional

La primera Jornada de Protesta Nacional, ocurrida el 11 de mayo de 1983, fue el resultado de un creciente proceso de resistencia contra el régimen, y dio origen a una serie de jornadas de protestas que duraron hasta 1986.

A comienzos de 1978, ex miembros del Congreso -organizados desde 1974 en el «Círculo de Ex Parlamentarios»- y el Proyecto de Desarrollo Nacional (Proden), una amplia coalición política, comienzan una serie de reuniones nocturnas, sostenidas con extrema precaución, con el objeto de esbozar un plan para derrotar al régimen.

En marzo de 1983, se crea la Alianza Democrática, coalición política que fijo la salida de Pinochet como condición fundamental para lograr un acuerdo nacional. Al mismo tiempo, los sindicatos volvían a organizarse lentamente, en especial, en las minas cupríferas, base de la economía chilena.

En 1982, la estabilidad económica que el país había conocido anteriormente se fragmenta. La inflación se elevaba por sobre un 20 por ciento, el desempleo era del orden del 24 por ciento a lo largo del país y en algunas regiones alcanzaba hasta el 40 por ciento. El peso chileno por su parte, se devaluaba drásticamente.

Los opositores al régimen decidieron que había llegado el momento de poner en evidencia el descontento generalizado y de levantar las demandas sectoriales.

La primera Protesta Nacional, convocada principalmente por la Confederación de Trabajadores del Cobre (CTC) y apoyada por grupos de la oposición política, sorprendió al gobierno y a sus propios organizadores por su magnitud y diversidad. El tocar de las cacerolas, los bocinazos y cortes de luz, serían la tónica.

En sectores populares de la zona sur de Santiago, violentos enfrentamientos dejaban como saldo dos muertos e incontables heridos, además de 350 detenidos.

El régimen reaccionó a la protesta con las represalias más masivas experimentadas desde el golpe. Tres días después de la primera protesta, cientos de Carabineros, militares y personal de civil se desplegaron por las poblaciones de Santiago. En La Victoria, La Castrina, Yungay y Joao Goulart, más de 5.000 casas fueron allanadas. Uniformados fuertemente armados sacaron de sus casas a todos los hombres mayores de 14 años.

Las protestas se repetirán casi cada mes durante los próximos dos años.