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Turismo: las enseñanzas de El Calafate

Por Ramón Arriagada miércoles 13 de febrero del 2019

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Muchos habitantes de Magallanes se preparan para asistir masivamente a las llamadas Fiestas del Lago que tendrán como escenario un anfiteatro natural en la ciudad turística argentina de El Calafate. Año a año nos sorprenden con la calidad de los invitados;  el evento ha tenido un desfile de artistas imposibles de reunir por ciudades de provincias tanto en Chile como en Argentina: en los últimos años Luis Fonsi, Marco Antonio Solís, Maná, Maluma, Chayanne y Ricki Martín entre otros. Además  las estrellas del cancionero argentino como Los Fabulosos Cadillacs, el Chaqueño Palavecino, Los Nocheros  y Soledad entre  otros.

En la actualidad, El Calafate, como destino turístico cuenta con 150 establecimientos de alojamientos, sumando 7.850 camas. La preferencia de los viajeros por este sitio en el sur argentino, se debió a una campaña mundial, donde Argentina vendió el turismo hacia un lugar único en el planeta, mostró masas de hielo sólo posibles de encontrar en la Antártica. La Patagonia lugar de destino para turistas y viajeros similar a Transilvania, las cordilleras tibetanas, Siberia o Tasmania y otros  indicados para aquellos exploradores de lugares de naturaleza sin intervención. Sitios sin aglomeraciones, más aún hoy, cuando ciudades europeas están declarando personas no gratas al visitante, que ya no son masas, sino hordas.

La campaña por hacer de El Calafate la perla turística en el sur, fue un éxito de marketing, donde colateralmente fuimos favorecidos a nivel mundial,  cuando de rebote nuestras Torres del Paine, se fueron conociendo. Las empresas argentinas proponían alargar la estadía en el sector, visitándolas.

Las experiencias deben ser tomadas en cuenta. El triunfalismo invadió al sector turístico de El Calafate. Habían logrado en 2010 desplazar a Bariloche como destino. Ellos allá se habían llenado de muchachitos en giras de final de estudios. El turista argentino con capacidad de gasto para el ocio, estaba prefiriendo llegar a la Patagonia, de preferencia El Calafate y Ushuaia.

Pero había una nube permanente sobre El Calafate,  en la percepción del viajero, en el subconsciente colectivo, la impronta o sello de ser un destino turístico muy caro para el turista común. El año 2017 el aeropuerto de El Calafate, recibió 12 mil menos pasajeros respecto del año 2015; 10 mil pasajeros menos que en 2016. La crisis interna argentina, el cambio de gobierno y la imagen de ser un turismo caro socavaban el mérito del lugar, logrado con tanto sacrificio. En el recuento del año 2017 se registró sólo un 48,9 % de ocupación hotelera en el sector. Reaccionaron y reforzaron actividades como la cercana Fiesta del Lago. Con la llegada de muchos chilenos para la ocasión, aumentan los días de alojamientos; después de los visitantes argentinos (68%) los chilenos (13%) son los más numerosos.

El turismo de El Calafate respira tranquilo, han registrado 43 mil embarques en su aeropuerto el pasado mes de enero. La mejor marca de su historia, sólo comparable al movimiento de pasajeros de 2008. “Nos está salvando el cambio de moneda, ahora todo es más barato”, es la opinión de un operador argentino.

Del lado nuestro, hay informaciones preocupantes, como los datos arrojados por la Encuesta Mensual de Alojamiento Turístico (Emat), dependiente del Ine, que hace mención de la tarifa promedio por habitación en Torres del Paine que llega a $216 mil.  Muy por sobre destinos como San Pedro de Atacama (111 mil pesos), Valparaíso y Viña ($ 83.000), Santiago urbano (61 mil pesos). Estadísticas discutibles para algunos, pero basta abrir cualquier buscador (como Booking), para ver los valores de la oferta hotelera nuestra, comparada con la argentina de El Calafate.

Sumado a lo anterior la incapacidad de análisis con situaciones tan conflictivas como los llamados “Full Days”. Lo restrictivo del ingreso al Parque, sin grandes expectativas, sobre nuevos senderos y hospedajes de montaña. En resumen, son para los natalinos, las complejidades de haber llegado demasiado lejos. Sin saber si están a nuestro alcance las soluciones de un patrimonio que visualizamos cada vez más ajeno.