Necrológicas

Las grandes palabras maltratadas y falsificadas

Por Marcos Buvinic domingo 24 de marzo del 2019

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Vivimos cada día más escépticos frente a la palabra. Las dudas que antes se resolvían cuando alguien decía “te doy mi palabra que es así”, ahora -al contrario- se acrecientan cuando alguien afirma eso. No es una desconfianza gratuita, sino que es el resultado de dolorosas experiencias -personales y sociales- de palabras engañosas y dobles que nos van acostumbrando a desconfiar de los demás y a buscar las intenciones escondidas en lo que otros nos dicen.

Pareciera que faltar a la palabra empeñada en el área que sea: en compromisos personales, negocios, vida familiar, actividad social o política, amistad, etc…, es una actitud que socialmente no recibe ninguna sanción moral, se lo toma como algo casi normal y se piensa que no hay nada que hacer, porque así son las personas. Vivimos, pues, un proceso de pérdida de credibilidad en la palabra.

En medio de esta verdadera destrucción de la eficacia de la palabra como portadora de verdad, hace unos días me topé con un texto llamado “Reconstruir las grandes palabras”, del teólogo español José Ignacio González, quien invita a reflexionar sobre la destrucción del significado de las “grandes palabras” y la muy necesaria tarea de reconstruir su sentido, y así rescatar las palabras que están cautivas de diversos egoísmos y de grupos que las ponen al servicio de sus propios intereses.  Entonces, el autor se pregunta: ¿por qué le llaman justicia cuando quieren decir venganza?, ¿por qué le llaman libertad cuando quieren decir egoísmo?, ¿por qué le llaman amor cuando quieren decir sexo?, ¿por qué le llaman empleo cuando quieren decir explotación?, y así, siga usted con las preguntas según su propia experiencia.

Entre las grandes palabras que han sido destruidas, González Faus señala la palabra “mercado” que originalmente significaba un encuentro y un diálogo entre comprador y vendedor, de manera que resultara lo mejor para los dos; es decir, lo que hoy se llama “la mano invisible del mercado” era -en realidad- el rostro visible de los interlocutores. Pero hoy la palabra “mercado” significa “engaño”, porque no hay contacto directo sino relaciones anónimas, y aunque haya un interlocutor ya no es el verdadero vendedor, sino un agente que puede estar a miles de kilómetros de distancia y con quien no hay ningún diálogo posible. A ese engaño se le sigue llamando “mercado” y se le reviste de todos los poderes que determinan el bienestar o la desgracia de pueblos enteros. También, entre las grandes palabras que han sido destruidas, González Faus señala la palabra “democracia” que ha dejado de ser “el poder del pueblo” para transformarse en los juegos de poder de partidos y cofradías que representan sus propios intereses grupales y tienen una muy limitada credibilidad ciudadana.

Las “grandes palabras” maltratadas y falsificadas en su sentido forman una lista muy ilustre, por ejemplo: dignidad, libertad, derechos humanos, patria, comunidad, valores, ética, paz, honor, servicio público, y usted puede seguir completando el listado…

Una de las grandes palabras más maltratadas y falsificadas es la palabra “amor”. Incluso, una buena parte de las desdichas de los seres humanos proviene del hecho de llamar “amor” a lo que no lo es, despojando al “amor” de su dimensión de donación, acogida, entrega y sacrificio, para reducirlo al deseo, la pasión y la posesión.

Como lo hace ver González Faus, la palabra más grande y más maltratada de la historia -por propios y extraños- es la palabra “Dios”. Una lectura al Evangelio muestra que lo que ponía a Jesús más “fuera de sí” era la utilización del nombre de Dios en provecho propio -para justificar cualquier cosa- y no como Amor incondicional y gratuito.

La invitación a trabajar en la reconstrucción de las “grandes palabras” pasa por cultivar una actitud crítica ante todo lo que se oye, de manera de desenmascarar cuando son usadas para disfrazar actuaciones que las contradicen o las banalizan; poner mucha atención en el uso que damos a estas grandes palabras cuando las decimos y nunca usarlas a la ligera. Se trata de una verdadera tarea de rescate, porque las “grandes palabras” son muy necesarias para nombrar lo más importante en la vida de las personas y de las sociedades.