Necrológicas

Fiestas Patrias con pandemia

Por Juan Francisco Miranda jueves 17 de septiembre del 2020

Compartir esta noticia
Visitas

Hoy parten las Fiestas Patrias en esta larga y angosta faja de tierra. Estos días de festividades, que son sinónimos de relajo, de encuentro con familiares y de amistades para una gran mayoría de chilenos, serán días cotidianos y sin mucho que celebrar. Se extrañará quizás no compartir con los padres, hermanos, hijos, nietos. Pero se extrañaría aun más si uno de nuestros seres queridos deja de existir por los efectos del coronavirus. Creo entonces que más que celebrar, hay que seguir cuidándose, y ayudar a los trabajadores de la salud en hacer estos días menos complejos de lo que han sido las últimas semanas.

Es cierto que estamos cansados y agotados de lo que vivimos. Principalmente de lo que hemos dejado de hacer, pues quien diga que su modo de vivir no ha cambiado, creo que se niega a ver la realidad. Todos hemos debido adaptarnos, con más o menos ganas, y con más o menos herramientas para enfrentar días de incertidumbre. Es quizás un periodo para despertar los sentidos, identificar lo esencial y valorarlo, y aligerar la carga o equipaje que cada uno lleva en su vida, partiendo por reconocer que ha sido un periodo de aprendizaje forzado que nos ha obligado a aceptar nuestra humanidad y frágil existencia a pesar de la tecnología y el avance de nuestra civilización.

Estos días vendrán a recordarnos otras Fiestas Patrias, donde más que recordar símbolos patrios, recordaremos seres queridos que ya no están o que no podemos estar con ellos como quisiéramos. Estos días serán más difíciles si además la primavera se deja ver con su luz que siempre invita a salir del encierro. Pero debemos resistir y pensar que nuestra manera de valorar lo que somos como pueblo es con sentido de responsabilidad, pues ninguna de las medidas absurdas impuestas por el gobierno como la restricción vehicular, o el levantamiento parcial de la cuarentena son efectivas ante un virus que avanza sin escuchar al Presidente, a pesar de sus ruegos.

Simplemente no debemos relajamos. Por nuestra salud, la de nuestras familias y seres queridos, la de nuestro pueblo y porque hay mucho en juego en lo que queda de este año, sólo debemos cuidarnos. Se trata de volver a tener sentido comunitario, de menos individualismo en una sociedad que ha sacralizado el yo en desmedro de un nosotros. Se trata de acostumbrarnos a respetar al otro para que también nos respete. Se trata de respetar la fila y no de saltársela. Se trata de evitar enfermarse para que el espacio en el hospital esté disponible para otro. Se trata de evitar circular para que sólo lo haga quien no tiene posibilidad de trabajar desde su casa. Se trata de pensar en quien tiene menos posibilidades y que necesita más apoyo. En resumen, se trata de amor al prójimo en el sentido cristiano y humanista.

En estos días el sentido de pueblo, de nación, o mejor dicho de tradición y de costumbres quizás se desdibuje. Pero lo cierto es que una bandera, un himno o una historia no bastan para sentirse parte de algo mayor, pues este año como nunca ha vuelto a hablarse de especie humana y de la conciencia de lo que ello conlleva. Incluso los más poderosos se han sentido desvalidos e impotentes, lo que, si pensamos positivamente, ha sido un ejercicio maravilloso para que la humildad y el respeto se impongan y se haga parte de lo natural y esencial en las relaciones de las personas, instituciones, países, naciones, con otros seres vivos, y con el hogar de todos llamado naturaleza.

Creo que este 2020 no será un año perdido, sino que un año ganado, pues el freno y el ritmo pausado nos ha obligado a valorar y utilizar todos nuestros sentidos. Cuídense.